miércoles, 2 de septiembre de 2009

El inicio del fin

Chejov sabía que Suvorin, editor y magnate de la prensa, era uno de los pocos que lo entendía. A pesar de tan sólo tener en común sus raíces humildes, los dos llegaron a ser muy buenos amigos. Era 22 de marzo de 1897 y ambos fueron a cenar. Todo estaba perfecto, el ambiente, el glamur y la sensación de poder, de pronto, Chejov sufrió un ataque de hemorragia nasal. Días después ya en la clínica, Chejov se disculpaba con Suvorin y, mintiendo, hace alarde de su buena salud. Y así, empezó la caída.

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