miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los demonios de Enke

No se dio cuenta hasta 15 minutos después. Subió los 40 escalones lo más rápido que pudo. Empujó la puerta con bestialidad. Miró la cuna. Cogió a su hija. Volteó a ver a su esposa que agitada recién se aproximaba a la puerta ya destrozada. Las primares lágrimas recorrieron su rostro. Ya era tarde, su hija de tan sólo 2 años yacía pálida entre sus brazos, por un paro cardiaco.

Y es que el destino es más duro con algunos. Robert Enke lo sabía desde hace mucho, también el psicólogo que lo trataba. Tal vez por ello, su estrepitoso suicidio era de esperarse.

Enke era arquero de profesión, de por si una carrera exigente, ingrata y sumamente competitiva, a pesar de que todos quieren hacer goles. Y es que pararte entre los 3 palos conlleva tener mucha responsabilidad, serenidad y madurez. Si un jugador juega mal, lo cambian, el arquero tiene que chantarse todo el partido. Si un jugador falla aún así se puede enmendar el hecho, el arquero no. Y es que definitivamente es el puesto más desnivelado.

Robert sufrió por su capacidad mucho tiempo. Suplente interminable, por fin le dan su primera chance en el Hannover 96, sólo juega 4 partidos. Llega al Barcelona (tal vez el sueño de todo futbolista) , pero Bonano estaba detrás y fue dejado de lado. Pasó por Fenerbache y Tenerife y aún así no logró adaptarse. Jugó por su país, Alemania, pero nació en la época del mejor arquero alemán: Kahn.

Y es que la vida no es fácil. Tal vez por eso se lanzó a las rieles del tren. Tal vez por eso sintió que no podía detener nada, ni siquiera la muerte de su hija. Tal vez por eso decidió dejar viuda a su esposa y terminar despedazado frente a la mirada atónita de todos.
Y es que la vida no es fácil. Robert Henke (1972-2009)

El rostro de una afgana

Es extraño ver mujeres con la cara descubierta por las calles de Afganistán y es aún más raro, verlas por televisión. Anese, de 25 años y periodista, es una pequeña cicatriz en el rostro machista islámico. Ese rostro que sólo permite hombres frente a cámaras.

"Cuando estoy en la calle grabando una entrevista los hombres me dicen cosas, algunas son insultos; otras, frases de mal gusto que no puedo repetir” Y no es para menos, Kabul, es el fiel reflejo de la estructura intolerante islamica. Ciudad incolora y tensa, una olla de presión para todo ser humano que nació con senos y vagina. Sus calles arenosas son viejos resentidos y amargados, llenos de paradigmas innatos.

Anese, trabaja desde hace un año en Tolo, la cadena más popular del país. Allí son cinco las mujeres en un mundo de hombres. Tres presentan noticias y dos son reporteras. Anese pisa la calle cada día acompañada de un camarógrafo para filmar lo que es noticia. "Sólo me muevo por Kabul porque en las provincias es imposible. No podría salir con el micrófono. Nunca aparezco en la pantalla. Sólo pongo mi voz. A mi familia no le gusta que sea periodista. Mi padre es muy estricto y me prohibiría trabajar. Sentiría una gran vergüenza si todos me pudieran ver".

Viste un chador negro y se cubre parte del cabello con un pañuelo verde. Tiene unas manos grandes que no se corresponden a la dulzura de sus facciones. Mientras responde a las preguntas juguetea con un bolígrafo y garabatea en una libreta de notas. Parecen su burladero. La entrevista se realiza casi en la clandestinidad, en los jardines de un hostal, lejos de las miradas curiosas, cómo debe de ser.

Empieza de Zero

Luego de la estrepitosa y lujuriosa fiesta de la noche anterior, Jorge Pimentel se levantó con una sensación de satisfacción por romper, una vez más, la normalidad de su Lima monótona. Se había acostado con 7 mujeres y creado 4 poemas brillantes mientras cogía. Era 1970 y Hora Cero, tal vez su logro más importante, por fin tenía suficientes seguidores en todo el Perú
¡Quién lo diría Jorge!, nunca imaginaste siquiera que llegarías a tal nivel de escritura. Recordabas aquellas caminatas por la Villarreal, soñando con el movimiento infrarrealista y a la vez lamentándote de que nadie entendiera tus pensamientos contra lo establecido. Que equivocado y soberbio estabas Jorge, si había alguien, se llamaba Juan Ramirez Ruiz y era un calco de todo lo que pensabas.

Así nació Hora Zero, el movimiento que se oponía a los poderes dominantes de la poesía peruana, y cuestionaba al canon poético nacional, con la excepción de César Vallejo, claro esta, para propugnar una nueva poesía, una más cercana a la vida diaria, a las clases marginadas, y a la realidad del Perú.

Aún así tuviste que viajar a España para alimentarte de pensamientos nuevos, y para cuando regresaste en 1974, el movimiento se había debilitado. Eran esos apristas sin cerebro que todo lo veían política, incluso la poesía. La verdad era que tenían de lo todo lo que habían logrado los muchachos y tu.

En fin Jorge, después de todo tu sabías que no podías cambiarlo todo, tampoco se trataba de eso. Sino de la satisfacción de congregar personas, para que piensen, para que estremezcan sus mundos. Hoy publican todo ese trabajo, hoy tu y los muchachos volverán a romper el mundo de nuevo.

El desbalance del Coronel.

Todas las mañanas, el coronel Nicolás Márquez Mejía lustraba sus puntiagudos zapatos negros, mientras el aroma de la mañana lo terminaba envolviendo en la calidez de Aracataca, un pequeño pueblo Colombiano. Su esposa, Tranquilina, ya se encontraba preparando el desayuno y el coronel empezaba a caminar por los largos trechos de la hacienda. Contaba sus pasos porque sabía que al joven nieto, Gabito, no se lo podía despertar antes de las de las 7.

- Levántate hijito, que conservadores no somos- le dijo el coronel al oído- levántate hijito que el reloj nos persigue.

La mañana ya era calurosa e imparable, toda la naturaleza empezaba ha moverse y ha organizarse. El coronel amaba esa sensación de serenidad y simpleza. Ese gusto por la sabiduría de la rutina. Ese gustos por lo progresión de lo imperturbable.

Una vez despierto el nieto, ambos se sentaron a la mesita de madera ubicada en el centro de la cocina, sólo comían ahí en los desayunos, Doña Tranquilina, prefería la luminosa calidez del lugar y sobretodo los interminables olores que rodeaban al cuartillo. Gabito, aún niño, no se daba cuenta de la escena de fotografía y prefería tocar la mesita de madera. Le encantaba su textura, su relieve, ese reboteo de sus dedos al pasar la mano por las verticales líneas de caoba.

Terminado el desayuno, el coronel, cuál reloj, se levantaba y dejaba a Gabito ayudando a su abuela lavando los platos, pero esta vez el abuelo pidió al joven que vaya a jugar al jardín. La madre de Gabito, Luisa Santiaga Márquez de García, hija del coronel con la doña, regresaba a Aracata después de abandonar a su primer hijo.

Luisa llegó en el tren. Llegó con maletas ligeras y zapatos usados. El coronel aún le guardaba rencor por ese matrimonio apresurado y lejano, se habían ido dejando al niño sin el mínimo recuerdo de familia. Tantas cosas sabía el coronel, pero aquel día, no tenía la menor idea de que decirle a Gabito. Aquel día que empezó con maletas ligeras y Gabito yendó a jugar después del desayuno.

Los días intensos de Karen

Karen Llantoy amamanto a su bebe durante 4 días antes de su muerte.

El Estado peruano se niega a pagar indemnización, a pesar de presión de la ONU

“Es una niña”, dijo el doctor Pérez durante la ecografía. Miraste al techo y pensaste en lo que vendría: miradas, indiferencia y habladurías. Aún así, no te importó tu edad. La tendrías de todas maneras, te educaron de esa manera. Incluso tus padres estaban a tu lado. Lamentablemente, esos pensamientos desencadenados sólo duraron segundos, la niña que tendrías, nacería sin cerebro. “Te recomiendo un legrado, es lo mejor viendo tu condición” sentenció el buen doctor Pérez. La niña moriría.
La sociedad nunca estuvo lista para tu caso Karen, no sirvieron de nada los continuos ajetreos en el poder judicial al lado de tu padre. El aborto por malformación no estaba permitido en Perú, por lo que eras víctima de la burocracia en tu búsqueda por el aborto legal. “Si mi bebé hubiese venido en buenas condiciones ni siquiera hubiese pensado en abortarlo, pero por desgracia no era así. Pensar en el aborto clandestino me hacía sentir muy culpable”.

Nunca previste tu embarazo, eras joven aún. La simple idea de tener un hijo no se te asomaba ni en tus sueños más extraños. Luego, todo fue más rápido. Cumpliste 17, conociste al padre, te invitó a salir, lo besaste, lo amaste, lo extrañaste y lo olvidaste. Poco después te enteraste del irremediable destino.

Entonces nació tu hija, aquella que con todo el amor que le tenías eras impotente de salvarle la vida. Sabías que su destino era la muerte y que luchaste con todas tu fuerzas contra la irracionalidad jurídica. Aún así la amamantaste y la gozaste por 4 días, también la sufriste y la lloraste. Con el tiempo recurriste a los medios, recurriste a la ONU, quien dictaminó que Perú violó el 'Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos'. Al menos te devolvieron algo de reivindicación Karen.

Ahora te levantas temprano Karen, sin poder siquiera dejar de pensar un minuto sobre el tema. “No sentía ganas de vivir y mis días eran absolutamente nublados en todo aspecto. No sé como he logrado salir de todo eso. Me alegro de que sea así”

El caso de Karen se distingue dentro de un debate intenso sobre la legalización del aborto en casos de mal formación y violación. En un país donde más de 370.000 mujeres abortan clandestinamente cada año, las opiniones están divididas, entre conservadores (la iglesia católica) y los liberales civiles quienes apuestan por la elección de la madre en los casos ya mencionados.

Me quiero casar

El amor senderista quiere hacerse paso entre rejas.
Aún confiados de su entereza, dentro del trasporte que los llevaba a su último destino, Elena Iparraguirre no cambiaba su mirada llena de respeto y ternura, hacia un pensativo Abimael.

- ¿Y que querías que haga? Si te tocaban mientras te intervenían me moría.

- Lo sé. No sé cómo nos encontraron. Ese infeliz del “Chino” es capaz de ridiculizarme ante la prensa.

- Ya deben saber que nos han atrapado, tenemos que decidir cuando nos escapamos.

- Lo sé. Máximo en un mes.

- Te amo.

- Lo sé.

Hoy luego de 19 años lejos del amor de su vida, quiere casarse a toda costa. La "número dos" de Sendero Luminoso ha sido inducida, sin éxito, a que se case “por poderes”, pero la Iparraguirre lo único que quiere es casarse frente a frente. Tendrá que esperar más tiempo porque el habeas corpus presentado fue rechazado el pasado 1 de octubre. La sala optó por la negativa debido a que la solicitante aún no completo el proceso de divorcio con su ex esposo.

Madre de dos niños abandonados por sus deberes ideológicos, es visitada constantemente por su madre de 90 años. Pasa la mayor parte del día leyendo y escribiendo un poemario dedicado a Abimael. Fiel a sus convicciones, aún posee aquella verborrea dura e inflexible, pero luego de los casi 70 000 muertos producidos bajo en terrorismo, parece haber reflexionado un poco “el grupo cometió tantísimos excesos” , manifestó.

El muro que cayó con una pregunta

En la Alemania dividida una pregunta fue el comienzo de la unión.
Riccardo Erhman sentía que su brazo izquierdo se entumecía por enésima vez. Sabía que su fama de periodista italiano, entrometido y contestatario, no era del agrado del régimen comunista implantado en la Alemania del este, en 1989. Por lo tanto, en aquella rueda de prensa donde haría la pregunta inolvidable, otra vez era ignorado.

El portavoz Gunter Schabowski era un importantísimo miembro del Politburó, un hombre poderoso debido a su contribución en la construcción del nuevo estado. Conocía a Erhman muy bien, mas de una vez se lo cruzó en una de sus tantas conferencias de prensa donde vendía caballo por liebre. Era conocido para el círculo periodístico, que el abultado portavoz siempre anunciaba reformas en el traslado cívico hacia la vecina del oeste. "Siempre anunciaban que los ciudadanos de la RDA podían viajar pidiendo un pasaporte y obteniendo un visado. Pero obtener un pasaporte era casi imposible, y un visado, totalmente imposible. Entonces, todo era una mentira".

De padres judío polacos, el corresponsal aún esperaba ser atendido, recordaba las cuestionables preferencias para los camaradas del partido en algunos lujos materiales en las tiendas de Berlín. De pronto, al fin, le dejaron preguntar. "Señor Schabowski, ¿cree usted que fue un error introducir la Ley de Viajes hace unos días?", una confusa ley que mandó al éxodo a miles de húngaros y checoslovacos.

Schabowski, nervioso, sacó unos papeles del bolsillo, y repitió que, para evitar más líos, los ciudadanos de la RDA podrían ir al Oeste, esta vez sin pasaporte ni visado: sólo mostrando el carné de identidad. Rápidamente, Ehrman no le dejó tomar aire y preguntó: "¿A partir de cuándo?”. Schabowski volvió a ver los papeles y, sin mirarle a la cara, respondió. "Inmedia-tamente".
Fue el único que entendió en ese momento que el muro había caído. Con dificultad convenció a la central en Italia que la información era veraz, luego con la exclusiva ganada, corrió a la frontera, una multitud lo levantó en brazos, la conferencia había sida vista en todo Alemania y él hizo la pregunta clave.

Entre lo grandes

Al entrar al inmenso salón, la gigantesca mesa les confirmaba que lo esperado terminaba donde empezaba la majestuosa vista de Lima. Ambos estaban en el treceavo piso y miraban con escrutinio la elegancia del cuarto desde sus asientos alrededor de la mesa, hasta que la puerta casi escondida al fondo del cuarto se abrió.
- Puta huevón, ese es Raúl Diez Canseco –le dijo Diego al oído de Álvaro - Esta debe ser su sala de reuniones.

- Jajajaja – Álvaro reía a niveles imperceptibles para el oído.

Con mirada casi apuntando al cielo Raúl Diez Canseco remeció el cuarto. Algo tenía ese huevón. Algo de poder, algo soberbia, algo de pendejo, algo de maestro. Algo tenía.

- ¿Los de Probide te dijeron que iba a estar él? – replicó el he rmano mayor, un poco más serio luego de la risa.

- No. Sólo me dijeron que iba a ser una entrevista corta – Diego estaba algo acalorado – Para hablar del crédito que nos dieron y de lo mucho que nos ayudó.

Los hermanos habían llegado al impensado lugar gracias a su pequeña empresa panificadora, que en una de esas pendejadas peruanas lograron un crédito del programa Probide, perteneciente al señorón. Raúl Diez Canseco empezó a rodear la larga mesa para saludar a todos los invitados, tenía un churre al costado que le presentaba a cada uno.

- La señora es la Presidenta Ejecutiva de Luz del Sur señor – balbuceó el acompañante de Diez Canseco con una sonrisa llena de sobonería y adulación.

Tres asientos más atrás estaban Diego y Álvaro, esperando cuál víctimas antadas a las rieles del tren.

- Hubiéramos venido en terno – dijo Álvaro mientras trataba de ocultar su indumentaria subiéndose hasta el tope el cierre de su casaca.

- Al menos yo tengo saco – respondió Diego quién a pesar del saco, el jean lo delataba – Ahí viene.

Diego estaba frente a frente al elegantísimo Raúl, quién con un movimiento sutil de cabeza lo miró de arriba abajo. El churre no decía nada porque no sabía quién mierda eran esos dos morenos desubicados. Raúl miraba a Diego esperando que este le haga una “reverencia”.

- La puta madre, el churre no dice nada – pensó Diego mientras intentaba sacar pecho, frente al pechugón de Raúl.

Diez Canseco se pasó de largo, terminó de saludar a los demás y se sentó en su trono.

- Hoy tenemos la visita del señor Enrique García, presidente de la Corporación Andina de Fomento – empezó Raúl – su asociación viene a invertir 20 millones de dólares en nuestro proyecto Probide, así que esperamos impresionarlos.

- Ala mierda huevón ¡Tanto! Que chucha vamos a hacer aquí – miró Diego a Álvaro, cuidándose de que, a pesar de estar sentados frente a Raúl este no escuchara sus susurros.

- Escucha – respondió rápidamente el hermano mayor- ¿Qué es esa bolsa que está en el piso?

- Son los panes, me dijeron que los trajera para mostrarlos –dijo Diego mientras los escondía debajo de la mesa.

- Oye, Diego, sería un golazo si los fotógrafos te toman una foto entregándole el pan a Diez Canseco – contestó Álvaro emocionado y siempre mirando al frente.

De pronto se abren las grandes puertas del... CONTINUARA

Tiempos demagógicos

28 de julio del 2009. Lucho se levanta con pesadez. El viento está inquieto. Se siente tensión en el pueblo. Prende la vieja radio y el recital empieza: “el general Roberto Micheletti toma palacio y derroca al presidente electo democráticamente, Manuel Zelaya” comenta el locutor. Lucho, apaga el radio con rapidez, coge su hoz y sale.

Hoy Manuel Zelaya regresa a su país luego de verse forzado a huir por la puerta falsa. Tiene orden de captura, por lo que se refugia en la embajada de Brasil, aliada, además del incondicional Hugo Chávez. “Hago un llamado al pueblo hondureño para que vengan a Tegugicalpa para protegernos, para cubrirnos, y que lo hagan pacíficamente”, dijo el refugiado.

El golpe de estado se supo desde temprano. Cuando llegó al trabajo ya todos lo sabían, todos murmuraban impacientes, desconcertados, temerosos. La incertidumbre se sentía en el aire y Lucho trabajaba con la mirada fija en la tierra, evitando hablar cualquiera, imperturbable, evitando hablar del hecho. Una y otra vez escuchaba los mismos argumentos: que está mal, que está bien, que vamos al centro, que dejemos el trabajo, etc, etc.

Mientras tanto, el ahora presidente hondureño Roberto Michelitti ha implantado un toque de queda hasta las 07:00 de la mañana, decidido a capturar al dimitido ex -gobernante. La OEA, ha llamado a una reunión de emergencia en Washington para tratar de resolver la inestabilidad en Honduras.

Lucho arto de tanto parloteo tiro la hoz y el lastrillo, caminó cuarenta pasos hasta los “manifestantes”, golpeó al supuesto líder y grito: ¡Vuelvan a trabajar!

Chilavert

¿Qué pensarás ahora que estas sentado viendo el Iguazú haciéndose paso entre la tierra? ¿Qué pensarás José Luís, ahora que todo parece tan insignificante? Y tus logros… ¿Son logros en verdad? Tantas veces intentaste demostrarte a ti mismo que lo único insignificante era el mundo, que tu y tus guantes bastaban para justificar tu caminar contrario.

Todo empezó, como debía comenzar la historia de un emprendedor, tu corriendo por los barrios más pobres de Luque en Paraguay, divirtiéndote con la pelota de trapo, a pesar de los pies descalzos que mostraban tu desnutrición. Tan típica era tu historia que tu padre, Felix, se rompía el lomo para solventar a tus hermanos y a ti. Jugabas de delantero, pero eras algo torpe, tal vez esa fue la razón por la que tu hermano Julio te obligó a pararte en el arco. Tan sólo tenías 12 años José Luís y aquella imposición de tu hermano te cambió la vida, 2 revolcadas y ya sabías que te encantaba. Tres años pasaron y ya debutabas con Sportivo Luqueño en la primera división. En 1984 sales campeón nacional con el club Guaraní y un año después tu templanza de veterano dentro de la boca del lobo hace que te vea un grande de Argentina: San Lorenzo. Te quedaste 3 años en aquel club, fuiste a España y tu personalidad de búfalo te jugó una mala pasada. Tenías mucha picardía latina, eso no les gustaba a los europeos, el gol que te hicieron de 50 metros luego de marcar tu primer gol de penal, te llenó de vergüenza, ya no podías seguir ahí. La vergüenza José Luís, la vergüenza.

Regresaste a la Argentina y para 1992 empezaste tu nuevo comienzo con Velez. Lo ganaste todo. Endemoniado humillaste a tus colegas 62 veces, tu zapato talla 37 hacia maravillas en los tiros libres. Hiciste un gol de58 metros a Burgos. Venciste a Córdova cuando dudaban de tu peso y tu virtud. Llevaste a tu selección a tres mundiales seguidos. Fuiste el mejor arquero del mundo en 1998. Implantaste en la memoria del mundo ese partido por octavos contra Francia, que coraje, que fuerza José Luís, fue el partido de tu vida.

25 Balazos

¡Antauro! Ollanta dice que depongamos las armas, se ha enterado de los cuatro policías muertos - gritó Ludueña con resignación mientras apagaba la radio. Antauro sintió en ese momento que su cuerpo le pesaba. Se recostó sobre la pared, pero no fue suficiente, el peso lo obligó a ir hasta el piso, miro a Ludueña y dijo: ¡Ese es huevón carajo!
Hoy al igual que aquella vez sintió como su cuerpo de desmoronaba mientras le leían su sentencia. Cual militar arrogante, intentó mostraste fuerte y rígido frente a los jueces; sin embargo los 25 años de cárcel dictaminados reventaban en su cabeza como cuetes de guerra. La Lectura no duró mas de dos horas, aún así cada segundo le parecía una eternidad, los diecisiete meses encerrado en Lurigancho lo habían vuelto algo frágil, por primera durante la audiencia empezó a sentirse nervioso, su cuerpo temblaba y sus pies se movían inquietos.

Tu Andahuaylazo por fin te cobraba la factura Antauro. Querías deponer a Toledo y no lo lograste, pensabas que tu hermano te apoyaría y no lo hizo, creías en tu ideología y ahora, no te sirve. A tus compañeros de toma, Palomino y Ludueña, les dieron 20 y 15 años. Lo que nació como una medida contundente, termina ahora como lo que realmente fue, una desfachatez.

¿Y ahora? ¿Qué queda Antauro? Queda tu padre y sus críticas en los medios, queda su pataleta y su lengua suelta criticando a cuanta persona tenga que ver con tu condena. “Es una sentencia absurda y vergonzosa, propia de un tribunal delincuente”, dice el viejo desenfrenado.

No. No queda nada Antauro, no queda nada.

A taparles la boca.

Al llegar al Perú en 1993 los supuestos conocedores de fútbol te miraron por encima del hombro. Decían que eras un paquete más, un extranjero de equipo desconocido, un viejo acabado y para colmo, pelucón (contribuyendo con el viejo estereotipo de gaucho mediocre). Tanto te ignoraban que incluso te confundían con argentino a pesar de que eras uruguayo.

No eras un volador de aquellos, pero tu templanza y seguridad debajo de los postes cambiaban partidos. Achicabas con justeza, ordenabas desde atrás e inspirabas respeto.

“Ese vienen a estafarnos, seguro no tapa nada” decían. Valgan verdades, criticar a los extranjeros era el único desfogue que tenían algunas periodistas resentidos de lo mediocre del fútbol nativo y de lo mediocres que esto los convertía. Lo cierto es que en Sporting Cristal la rompiste. Lograste que la camiseta celeste se volviera temible para cualquier equipo, vestiste la celeste con hidalguía, ganaste tres campeonatos consecutivos y estuviste a punto de ser campeón de la Libertadores.

Todo iba bien. Ya de uruguayo no tenías nada y la hinchada había olvidado el tiro rasante que no pudiste tapar en Velo Horizonte, frente al Cruzeiro. Fue predecible que aceptaras nacionalizarte peruano. Y fue aún más predecible que seas el arquero titular. Necesitábamos empatar con chile en Santiago, te metieron cuatro.

Dudaron de tu capacidad. No lograste redondear esas actuaciones, pero si diste Balerio, diste mucho. Porque desde aquella vez en Santiago, no tenemos ni la mediocre felicidad de un casi – casi.

Fiesta, robo y captura.

El día que lo capturaron, yo estaba bebiendo alcohol y bailando como loco en la fiesta de administración de la universidad. Erán tiempos de terrorismo, tiempos de mierda, era la primera fiesta después de mucho tiempo y la gente trataba de olvidar lo que pasaba afuera, almenos por una noche. Nuestras vidas habían cambiando completamente, pero lo interesante era que a pesar de tantas bombas y de más, la personas organizaban su vida en torno a la locura terrorista.
Estaba conciente hasta las 2 de la mañana, fue ahí donde le trago me empezó a hundir en su incoherencia. Decidí salir a tomar un taxi. La avenida Universitaria estaba despoblada y el único taxista que me vio, arrancó despavorido por el miedo. Eran épocas de miedo. Camine tabaleándome por la Bolivar. Tres tipos se acercaron y me tumbaron al piso. Me robaron mi preciosa casaca y mis zapatillas blancas. Traté de defenderme pero un tajo en la mano, me hizo recordar que eran tres contra uno. Los tres se iban caminado y yo dije: por favor no se lleven mi casaca. Uno de ellos me mando un insulto, pero el otro lo convenció de que me dejara sus zapatos viejos. Un taxista bondadoso me llevó a mi casa. Desperté. Mi madre estaba sentada frente a mi y me dijo: “No este triste, animate, que han agarrado a Abimael”. 1992 y yo pensando en lo mal que me había ido. Que equivocado estaba.

Buena Fortunato

La primera marca que dejó su bota en el puerto del Callao tan sólo significo un cambio de aires para el joven migrante italiano, Fortunato Brescia.. Aquel día el Callao lo acogía. Hoy, Chile, acoge a sus hijos. El grupo Brescia acaba de comprar la empresa cementera más grande de Chile por US$555 millones.

Lo único seguro Fortunato, era que de Italia no te fuiste por vago o perezoso. Tus hijos, Pedro, Mario, Rosa y Ana María nacieron en pleno crack internacional. La crisis de económica, por la que fugaste de Europa, ahora te seguía en tu nuevo hogar. Sin embargo ese amorío entra las tu y las crisis, lo convertiste en paradoja. Para 1930 poseías fundos en el Callao, Lima, San Borja y San Isidro. Luego, cincuenta años después, tus hijos son prácticamente dueños del Perú. En vano no fueron tus esfuerzos de mostrarles respeto y prudencia en los negocios, de saber dejar ir propiedades para luego ganar en el futuro. Siempre con la misma consigna, siempre con el mismo ideal de acumulación de capital.

Hoy, Mario y Pedro, son los primeros peruanos en ser recibidos en el ajeno palacio de la moneda Chileno. Pareciera Fortunato, que incluso en la muerte tus hijos siguen la paradoja. Y no es para menos, tienen el Banco Continental, Seguros Rímac, Tecnología de Alimentos S.A., MINSUR, la cadena de hoteles El Libertador y el fundo Hoja Redonda.
Dicen por ahí que son huraños y silenciosos, pero parece que hoy, tu marca en el Perú, tiene mucho significado Fortunato.

The Media Revolution


MUY RECOMENDABLE

Macho utensilio

¿Cómo encontrarle el gusto a un tenedor? La aventura de los utensilios de concina es un reto para cualquier hombre contemporáneo lleno de masculinidad. Para empezar, te encuentras con que el espacio te rechaza por donde vayas. Ves muchas mujeres rondando los anaqueles y secciones de productos con tanta delicadeza y escrutinio, que te sientes obligado a aparentar conocimientos sobre vidrios y metales. Eres un outsider despreciable, todas saben que no sabes nada, todas creen que estás pasando un rato. Sin embargo, estas primeras impresiones son naturales y pasajeras. No es conveniente perder la fe tan rápido en esta aventura, ya que si lo haces no podrás disfrutar los demás mecanismos de repulsión hacia tu persona.

Volvamos a empezar: la tienda Ripley que está en el Jockey Plaza se diferencia por su variedad de ofertas en los utensilios. Por donde vayas, en los 10 por 10 metros cuadrados, te darás cuenta de que hay un sin número de cosas que no necesitas: servilletas grandes, cuchillos con forma de espada Talibán, vasos para extractos, copas de agua y ollas del tamaño de una taza. Me acerco, las miro, las examino y me encuentro que todas dicen en la parte de abajo “NTO Importado por tiendas de Departamento Ripley – HECHO EN CHINA”. Increíble, todo aquí es chino. Si había un lugar donde te pudieras alejar, Shangai tenía que ser la zona de aparejos para el hogar. Suponía que la variedad de marcas sería mayor, pero todo aquí, todo se escribe con N-T-O – HECHO EN CHINA.

Algo decepcionado, empecé a ver los colores de la marca. Lo vivo de su azul, rojo y verde te roban una sonrisa, pero al poco tiempo te llevan a un mundo de monotonía, sólo regido por esos tres colores. Por donde voltees ves uno de ellos, no hay forma de escapar. Estás en el país de la maravillas, todo parece estar pintado con plumón. Algo contrariado, trato de alejarme, pero me revientan en los ojos luces plateadas centellantes que me dejan ciego por un instante. Es la zona de los tenedores, cuchillos y cucharas que ayudadas por los potentes reflectores son capaces de romperte la cornea. Algo malherido me eternizo al ver a las señoras. Me recuerdan a mi abuela, tan delicadas y elegantes, disfrutando los últimos días de sus vidas viendo tenedores. Luego aparecen las doñas, llenas de dinero ellas y dispuestas a reventar la tarjeta de Mauricio. Una le dice a la otra: “Este juego de parrilla es perfecto para el gordo”. La otra, sin siquiera tomar una nueva bocanada de aire, le responde: “A Raúl le encantan estas cosas, le quedaría muy bien el overol”. Sin embargo; ni el gordo, ni Raúl están ahí, y no sé porque por qué siento que no saben un carajo de freír carnes, al igual que yo.
Me acerco a una de ellas, finjo que me interesa el set de cuchillos de doble filo que viene con la parrilla, le coqueteo sin querer queriendo. Funciona. Me mira, luego me pregunta: ¿te lo puedes llevar armado, no es cierto? Totalmente pasmado, sólo atino a mirar detrás de las parrillas. Hay castillos de cajas listas para ser armadas por uno mismo Le respondo negativamente y me acerco a ver la hoja de instrucciones para armarlas. Son la mitad de una hoja A4 y mal impresa, no se ve nada legible. La supuesta parrilla parece una tienda de Boy Scout. No puede ser, me habían robado, en la única parte donde me podría haber sentido identificado, no fue así. Lo más rescatable de la zona de parrilla es que, las señoras te ven bien.

Siguiendo mi rumbo, llegué a la zona de platos y cristales. En lugar de notar diferenciación, sólo ves modelos reducidos y aún más reducidos, lo que habla de la gran creatividad de los diseñadores. De pronto aparecen las novias, tan entusiasmadas y contentas. Te sorprendes. ¡El matrimonio se te cruza por la cabeza dentro de Ripley! Nada que un buen sacudón de cabeza solucione, pero estando ahí, lo mejor era irse.