miércoles, 18 de noviembre de 2009

Fiesta, robo y captura.

El día que lo capturaron, yo estaba bebiendo alcohol y bailando como loco en la fiesta de administración de la universidad. Erán tiempos de terrorismo, tiempos de mierda, era la primera fiesta después de mucho tiempo y la gente trataba de olvidar lo que pasaba afuera, almenos por una noche. Nuestras vidas habían cambiando completamente, pero lo interesante era que a pesar de tantas bombas y de más, la personas organizaban su vida en torno a la locura terrorista.
Estaba conciente hasta las 2 de la mañana, fue ahí donde le trago me empezó a hundir en su incoherencia. Decidí salir a tomar un taxi. La avenida Universitaria estaba despoblada y el único taxista que me vio, arrancó despavorido por el miedo. Eran épocas de miedo. Camine tabaleándome por la Bolivar. Tres tipos se acercaron y me tumbaron al piso. Me robaron mi preciosa casaca y mis zapatillas blancas. Traté de defenderme pero un tajo en la mano, me hizo recordar que eran tres contra uno. Los tres se iban caminado y yo dije: por favor no se lleven mi casaca. Uno de ellos me mando un insulto, pero el otro lo convenció de que me dejara sus zapatos viejos. Un taxista bondadoso me llevó a mi casa. Desperté. Mi madre estaba sentada frente a mi y me dijo: “No este triste, animate, que han agarrado a Abimael”. 1992 y yo pensando en lo mal que me había ido. Que equivocado estaba.

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