¡Antauro! Ollanta dice que depongamos las armas, se ha enterado de los cuatro policías muertos - gritó Ludueña con resignación mientras apagaba la radio. Antauro sintió en ese momento que su cuerpo le pesaba. Se recostó sobre la pared, pero no fue suficiente, el peso lo obligó a ir hasta el piso, miro a Ludueña y dijo: ¡Ese es huevón carajo!Hoy al igual que aquella vez sintió como su cuerpo de desmoronaba mientras le leían su sentencia. Cual militar arrogante, intentó mostraste fuerte y rígido frente a los jueces; sin embargo los 25 años de cárcel dictaminados reventaban en su cabeza como cuetes de guerra. La Lectura no duró mas de dos horas, aún así cada segundo le parecía una eternidad, los diecisiete meses encerrado en Lurigancho lo habían vuelto algo frágil, por primera durante la audiencia empezó a sentirse nervioso, su cuerpo temblaba y sus pies se movían inquietos.
Tu Andahuaylazo por fin te cobraba la factura Antauro. Querías deponer a Toledo y no lo lograste, pensabas que tu hermano te apoyaría y no lo hizo, creías en tu ideología y ahora, no te sirve. A tus compañeros de toma, Palomino y Ludueña, les dieron 20 y 15 años. Lo que nació como una medida contundente, termina ahora como lo que realmente fue, una desfachatez.
¿Y ahora? ¿Qué queda Antauro? Queda tu padre y sus críticas en los medios, queda su pataleta y su lengua suelta criticando a cuanta persona tenga que ver con tu condena. “Es una sentencia absurda y vergonzosa, propia de un tribunal delincuente”, dice el viejo desenfrenado.
No. No queda nada Antauro, no queda nada.

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