miércoles, 18 de noviembre de 2009

El rostro de una afgana

Es extraño ver mujeres con la cara descubierta por las calles de Afganistán y es aún más raro, verlas por televisión. Anese, de 25 años y periodista, es una pequeña cicatriz en el rostro machista islámico. Ese rostro que sólo permite hombres frente a cámaras.

"Cuando estoy en la calle grabando una entrevista los hombres me dicen cosas, algunas son insultos; otras, frases de mal gusto que no puedo repetir” Y no es para menos, Kabul, es el fiel reflejo de la estructura intolerante islamica. Ciudad incolora y tensa, una olla de presión para todo ser humano que nació con senos y vagina. Sus calles arenosas son viejos resentidos y amargados, llenos de paradigmas innatos.

Anese, trabaja desde hace un año en Tolo, la cadena más popular del país. Allí son cinco las mujeres en un mundo de hombres. Tres presentan noticias y dos son reporteras. Anese pisa la calle cada día acompañada de un camarógrafo para filmar lo que es noticia. "Sólo me muevo por Kabul porque en las provincias es imposible. No podría salir con el micrófono. Nunca aparezco en la pantalla. Sólo pongo mi voz. A mi familia no le gusta que sea periodista. Mi padre es muy estricto y me prohibiría trabajar. Sentiría una gran vergüenza si todos me pudieran ver".

Viste un chador negro y se cubre parte del cabello con un pañuelo verde. Tiene unas manos grandes que no se corresponden a la dulzura de sus facciones. Mientras responde a las preguntas juguetea con un bolígrafo y garabatea en una libreta de notas. Parecen su burladero. La entrevista se realiza casi en la clandestinidad, en los jardines de un hostal, lejos de las miradas curiosas, cómo debe de ser.

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