miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los demonios de Enke

No se dio cuenta hasta 15 minutos después. Subió los 40 escalones lo más rápido que pudo. Empujó la puerta con bestialidad. Miró la cuna. Cogió a su hija. Volteó a ver a su esposa que agitada recién se aproximaba a la puerta ya destrozada. Las primares lágrimas recorrieron su rostro. Ya era tarde, su hija de tan sólo 2 años yacía pálida entre sus brazos, por un paro cardiaco.

Y es que el destino es más duro con algunos. Robert Enke lo sabía desde hace mucho, también el psicólogo que lo trataba. Tal vez por ello, su estrepitoso suicidio era de esperarse.

Enke era arquero de profesión, de por si una carrera exigente, ingrata y sumamente competitiva, a pesar de que todos quieren hacer goles. Y es que pararte entre los 3 palos conlleva tener mucha responsabilidad, serenidad y madurez. Si un jugador juega mal, lo cambian, el arquero tiene que chantarse todo el partido. Si un jugador falla aún así se puede enmendar el hecho, el arquero no. Y es que definitivamente es el puesto más desnivelado.

Robert sufrió por su capacidad mucho tiempo. Suplente interminable, por fin le dan su primera chance en el Hannover 96, sólo juega 4 partidos. Llega al Barcelona (tal vez el sueño de todo futbolista) , pero Bonano estaba detrás y fue dejado de lado. Pasó por Fenerbache y Tenerife y aún así no logró adaptarse. Jugó por su país, Alemania, pero nació en la época del mejor arquero alemán: Kahn.

Y es que la vida no es fácil. Tal vez por eso se lanzó a las rieles del tren. Tal vez por eso sintió que no podía detener nada, ni siquiera la muerte de su hija. Tal vez por eso decidió dejar viuda a su esposa y terminar despedazado frente a la mirada atónita de todos.
Y es que la vida no es fácil. Robert Henke (1972-2009)

El rostro de una afgana

Es extraño ver mujeres con la cara descubierta por las calles de Afganistán y es aún más raro, verlas por televisión. Anese, de 25 años y periodista, es una pequeña cicatriz en el rostro machista islámico. Ese rostro que sólo permite hombres frente a cámaras.

"Cuando estoy en la calle grabando una entrevista los hombres me dicen cosas, algunas son insultos; otras, frases de mal gusto que no puedo repetir” Y no es para menos, Kabul, es el fiel reflejo de la estructura intolerante islamica. Ciudad incolora y tensa, una olla de presión para todo ser humano que nació con senos y vagina. Sus calles arenosas son viejos resentidos y amargados, llenos de paradigmas innatos.

Anese, trabaja desde hace un año en Tolo, la cadena más popular del país. Allí son cinco las mujeres en un mundo de hombres. Tres presentan noticias y dos son reporteras. Anese pisa la calle cada día acompañada de un camarógrafo para filmar lo que es noticia. "Sólo me muevo por Kabul porque en las provincias es imposible. No podría salir con el micrófono. Nunca aparezco en la pantalla. Sólo pongo mi voz. A mi familia no le gusta que sea periodista. Mi padre es muy estricto y me prohibiría trabajar. Sentiría una gran vergüenza si todos me pudieran ver".

Viste un chador negro y se cubre parte del cabello con un pañuelo verde. Tiene unas manos grandes que no se corresponden a la dulzura de sus facciones. Mientras responde a las preguntas juguetea con un bolígrafo y garabatea en una libreta de notas. Parecen su burladero. La entrevista se realiza casi en la clandestinidad, en los jardines de un hostal, lejos de las miradas curiosas, cómo debe de ser.

Empieza de Zero

Luego de la estrepitosa y lujuriosa fiesta de la noche anterior, Jorge Pimentel se levantó con una sensación de satisfacción por romper, una vez más, la normalidad de su Lima monótona. Se había acostado con 7 mujeres y creado 4 poemas brillantes mientras cogía. Era 1970 y Hora Cero, tal vez su logro más importante, por fin tenía suficientes seguidores en todo el Perú
¡Quién lo diría Jorge!, nunca imaginaste siquiera que llegarías a tal nivel de escritura. Recordabas aquellas caminatas por la Villarreal, soñando con el movimiento infrarrealista y a la vez lamentándote de que nadie entendiera tus pensamientos contra lo establecido. Que equivocado y soberbio estabas Jorge, si había alguien, se llamaba Juan Ramirez Ruiz y era un calco de todo lo que pensabas.

Así nació Hora Zero, el movimiento que se oponía a los poderes dominantes de la poesía peruana, y cuestionaba al canon poético nacional, con la excepción de César Vallejo, claro esta, para propugnar una nueva poesía, una más cercana a la vida diaria, a las clases marginadas, y a la realidad del Perú.

Aún así tuviste que viajar a España para alimentarte de pensamientos nuevos, y para cuando regresaste en 1974, el movimiento se había debilitado. Eran esos apristas sin cerebro que todo lo veían política, incluso la poesía. La verdad era que tenían de lo todo lo que habían logrado los muchachos y tu.

En fin Jorge, después de todo tu sabías que no podías cambiarlo todo, tampoco se trataba de eso. Sino de la satisfacción de congregar personas, para que piensen, para que estremezcan sus mundos. Hoy publican todo ese trabajo, hoy tu y los muchachos volverán a romper el mundo de nuevo.

El desbalance del Coronel.

Todas las mañanas, el coronel Nicolás Márquez Mejía lustraba sus puntiagudos zapatos negros, mientras el aroma de la mañana lo terminaba envolviendo en la calidez de Aracataca, un pequeño pueblo Colombiano. Su esposa, Tranquilina, ya se encontraba preparando el desayuno y el coronel empezaba a caminar por los largos trechos de la hacienda. Contaba sus pasos porque sabía que al joven nieto, Gabito, no se lo podía despertar antes de las de las 7.

- Levántate hijito, que conservadores no somos- le dijo el coronel al oído- levántate hijito que el reloj nos persigue.

La mañana ya era calurosa e imparable, toda la naturaleza empezaba ha moverse y ha organizarse. El coronel amaba esa sensación de serenidad y simpleza. Ese gusto por la sabiduría de la rutina. Ese gustos por lo progresión de lo imperturbable.

Una vez despierto el nieto, ambos se sentaron a la mesita de madera ubicada en el centro de la cocina, sólo comían ahí en los desayunos, Doña Tranquilina, prefería la luminosa calidez del lugar y sobretodo los interminables olores que rodeaban al cuartillo. Gabito, aún niño, no se daba cuenta de la escena de fotografía y prefería tocar la mesita de madera. Le encantaba su textura, su relieve, ese reboteo de sus dedos al pasar la mano por las verticales líneas de caoba.

Terminado el desayuno, el coronel, cuál reloj, se levantaba y dejaba a Gabito ayudando a su abuela lavando los platos, pero esta vez el abuelo pidió al joven que vaya a jugar al jardín. La madre de Gabito, Luisa Santiaga Márquez de García, hija del coronel con la doña, regresaba a Aracata después de abandonar a su primer hijo.

Luisa llegó en el tren. Llegó con maletas ligeras y zapatos usados. El coronel aún le guardaba rencor por ese matrimonio apresurado y lejano, se habían ido dejando al niño sin el mínimo recuerdo de familia. Tantas cosas sabía el coronel, pero aquel día, no tenía la menor idea de que decirle a Gabito. Aquel día que empezó con maletas ligeras y Gabito yendó a jugar después del desayuno.

Los días intensos de Karen

Karen Llantoy amamanto a su bebe durante 4 días antes de su muerte.

El Estado peruano se niega a pagar indemnización, a pesar de presión de la ONU

“Es una niña”, dijo el doctor Pérez durante la ecografía. Miraste al techo y pensaste en lo que vendría: miradas, indiferencia y habladurías. Aún así, no te importó tu edad. La tendrías de todas maneras, te educaron de esa manera. Incluso tus padres estaban a tu lado. Lamentablemente, esos pensamientos desencadenados sólo duraron segundos, la niña que tendrías, nacería sin cerebro. “Te recomiendo un legrado, es lo mejor viendo tu condición” sentenció el buen doctor Pérez. La niña moriría.
La sociedad nunca estuvo lista para tu caso Karen, no sirvieron de nada los continuos ajetreos en el poder judicial al lado de tu padre. El aborto por malformación no estaba permitido en Perú, por lo que eras víctima de la burocracia en tu búsqueda por el aborto legal. “Si mi bebé hubiese venido en buenas condiciones ni siquiera hubiese pensado en abortarlo, pero por desgracia no era así. Pensar en el aborto clandestino me hacía sentir muy culpable”.

Nunca previste tu embarazo, eras joven aún. La simple idea de tener un hijo no se te asomaba ni en tus sueños más extraños. Luego, todo fue más rápido. Cumpliste 17, conociste al padre, te invitó a salir, lo besaste, lo amaste, lo extrañaste y lo olvidaste. Poco después te enteraste del irremediable destino.

Entonces nació tu hija, aquella que con todo el amor que le tenías eras impotente de salvarle la vida. Sabías que su destino era la muerte y que luchaste con todas tu fuerzas contra la irracionalidad jurídica. Aún así la amamantaste y la gozaste por 4 días, también la sufriste y la lloraste. Con el tiempo recurriste a los medios, recurriste a la ONU, quien dictaminó que Perú violó el 'Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos'. Al menos te devolvieron algo de reivindicación Karen.

Ahora te levantas temprano Karen, sin poder siquiera dejar de pensar un minuto sobre el tema. “No sentía ganas de vivir y mis días eran absolutamente nublados en todo aspecto. No sé como he logrado salir de todo eso. Me alegro de que sea así”

El caso de Karen se distingue dentro de un debate intenso sobre la legalización del aborto en casos de mal formación y violación. En un país donde más de 370.000 mujeres abortan clandestinamente cada año, las opiniones están divididas, entre conservadores (la iglesia católica) y los liberales civiles quienes apuestan por la elección de la madre en los casos ya mencionados.

Me quiero casar

El amor senderista quiere hacerse paso entre rejas.
Aún confiados de su entereza, dentro del trasporte que los llevaba a su último destino, Elena Iparraguirre no cambiaba su mirada llena de respeto y ternura, hacia un pensativo Abimael.

- ¿Y que querías que haga? Si te tocaban mientras te intervenían me moría.

- Lo sé. No sé cómo nos encontraron. Ese infeliz del “Chino” es capaz de ridiculizarme ante la prensa.

- Ya deben saber que nos han atrapado, tenemos que decidir cuando nos escapamos.

- Lo sé. Máximo en un mes.

- Te amo.

- Lo sé.

Hoy luego de 19 años lejos del amor de su vida, quiere casarse a toda costa. La "número dos" de Sendero Luminoso ha sido inducida, sin éxito, a que se case “por poderes”, pero la Iparraguirre lo único que quiere es casarse frente a frente. Tendrá que esperar más tiempo porque el habeas corpus presentado fue rechazado el pasado 1 de octubre. La sala optó por la negativa debido a que la solicitante aún no completo el proceso de divorcio con su ex esposo.

Madre de dos niños abandonados por sus deberes ideológicos, es visitada constantemente por su madre de 90 años. Pasa la mayor parte del día leyendo y escribiendo un poemario dedicado a Abimael. Fiel a sus convicciones, aún posee aquella verborrea dura e inflexible, pero luego de los casi 70 000 muertos producidos bajo en terrorismo, parece haber reflexionado un poco “el grupo cometió tantísimos excesos” , manifestó.

El muro que cayó con una pregunta

En la Alemania dividida una pregunta fue el comienzo de la unión.
Riccardo Erhman sentía que su brazo izquierdo se entumecía por enésima vez. Sabía que su fama de periodista italiano, entrometido y contestatario, no era del agrado del régimen comunista implantado en la Alemania del este, en 1989. Por lo tanto, en aquella rueda de prensa donde haría la pregunta inolvidable, otra vez era ignorado.

El portavoz Gunter Schabowski era un importantísimo miembro del Politburó, un hombre poderoso debido a su contribución en la construcción del nuevo estado. Conocía a Erhman muy bien, mas de una vez se lo cruzó en una de sus tantas conferencias de prensa donde vendía caballo por liebre. Era conocido para el círculo periodístico, que el abultado portavoz siempre anunciaba reformas en el traslado cívico hacia la vecina del oeste. "Siempre anunciaban que los ciudadanos de la RDA podían viajar pidiendo un pasaporte y obteniendo un visado. Pero obtener un pasaporte era casi imposible, y un visado, totalmente imposible. Entonces, todo era una mentira".

De padres judío polacos, el corresponsal aún esperaba ser atendido, recordaba las cuestionables preferencias para los camaradas del partido en algunos lujos materiales en las tiendas de Berlín. De pronto, al fin, le dejaron preguntar. "Señor Schabowski, ¿cree usted que fue un error introducir la Ley de Viajes hace unos días?", una confusa ley que mandó al éxodo a miles de húngaros y checoslovacos.

Schabowski, nervioso, sacó unos papeles del bolsillo, y repitió que, para evitar más líos, los ciudadanos de la RDA podrían ir al Oeste, esta vez sin pasaporte ni visado: sólo mostrando el carné de identidad. Rápidamente, Ehrman no le dejó tomar aire y preguntó: "¿A partir de cuándo?”. Schabowski volvió a ver los papeles y, sin mirarle a la cara, respondió. "Inmedia-tamente".
Fue el único que entendió en ese momento que el muro había caído. Con dificultad convenció a la central en Italia que la información era veraz, luego con la exclusiva ganada, corrió a la frontera, una multitud lo levantó en brazos, la conferencia había sida vista en todo Alemania y él hizo la pregunta clave.