lunes, 29 de octubre de 2012

Hola Diego


Nazco y utilizo trickery and deceit para hacer el menor esfuerzo y saborear lo más rico. Con el pasar de los días crezco y más allá del sexo encuentro placer estimulando mis fosas nasales con la uña de mi índice derecho. Sigo avanzando y no queda duda que lo mío es un fracaso, una larvita incapaz de mariconearse, un Waldir bailando en el Gran show, un desperdicio de talento y buen humor. Regreso, como, me visto y de pronto tengo enamorada. Pestañeo y ya habían pasado 4 años, vuelvo a pestañear y entro a una sala de operaciones. Me recuperó, pero el doctor no entiende mi dolor, camino y sí, sí Diego, es hora de…

pestañear nuevamente

lunes, 27 de agosto de 2012

Dos días después


Me preguntas qué es lo que más recuerdo y, sin duda, es yo cargándote hasta mi cuarto mientras tu cabeza descansa en mi hombro y tu cuerpo se amolda entre mis brazos; indefensa, protegida, amada.

Ahora es tiempo de que te vayas. Es hora de homenajear al destino, ya no hay nada que pueda hacer. 

Yo también merezco olvidarte.


lunes, 21 de mayo de 2012

¿Cómo te va?

La intensidad de nuestros encuentros se pierde cada vez que esa pisca de razón invade tu cuerpo. Tratas de engañarte, pero tu cuerpo me habla de forma distinta, desde el momento en que me abrazas y me encaras, tus besos son más fuertes, tan fuertes que me duelen los labios.

Podemos pretender que nada pasa, día a día mientras hablamos como unos desconocidos, pero me gusta pensar que hay algo, por más pequeño que sea, prefiero pensar que es ese algo que ilumina tu rostro cada vez que encima de ti te beso.

Y es que no es que te quiera, tu no me quieres, es simplemente que cada vez que te veo…
Te

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Los demonios de Enke

No se dio cuenta hasta 15 minutos después. Subió los 40 escalones lo más rápido que pudo. Empujó la puerta con bestialidad. Miró la cuna. Cogió a su hija. Volteó a ver a su esposa que agitada recién se aproximaba a la puerta ya destrozada. Las primares lágrimas recorrieron su rostro. Ya era tarde, su hija de tan sólo 2 años yacía pálida entre sus brazos, por un paro cardiaco.

Y es que el destino es más duro con algunos. Robert Enke lo sabía desde hace mucho, también el psicólogo que lo trataba. Tal vez por ello, su estrepitoso suicidio era de esperarse.

Enke era arquero de profesión, de por si una carrera exigente, ingrata y sumamente competitiva, a pesar de que todos quieren hacer goles. Y es que pararte entre los 3 palos conlleva tener mucha responsabilidad, serenidad y madurez. Si un jugador juega mal, lo cambian, el arquero tiene que chantarse todo el partido. Si un jugador falla aún así se puede enmendar el hecho, el arquero no. Y es que definitivamente es el puesto más desnivelado.

Robert sufrió por su capacidad mucho tiempo. Suplente interminable, por fin le dan su primera chance en el Hannover 96, sólo juega 4 partidos. Llega al Barcelona (tal vez el sueño de todo futbolista) , pero Bonano estaba detrás y fue dejado de lado. Pasó por Fenerbache y Tenerife y aún así no logró adaptarse. Jugó por su país, Alemania, pero nació en la época del mejor arquero alemán: Kahn.

Y es que la vida no es fácil. Tal vez por eso se lanzó a las rieles del tren. Tal vez por eso sintió que no podía detener nada, ni siquiera la muerte de su hija. Tal vez por eso decidió dejar viuda a su esposa y terminar despedazado frente a la mirada atónita de todos.
Y es que la vida no es fácil. Robert Henke (1972-2009)

El rostro de una afgana

Es extraño ver mujeres con la cara descubierta por las calles de Afganistán y es aún más raro, verlas por televisión. Anese, de 25 años y periodista, es una pequeña cicatriz en el rostro machista islámico. Ese rostro que sólo permite hombres frente a cámaras.

"Cuando estoy en la calle grabando una entrevista los hombres me dicen cosas, algunas son insultos; otras, frases de mal gusto que no puedo repetir” Y no es para menos, Kabul, es el fiel reflejo de la estructura intolerante islamica. Ciudad incolora y tensa, una olla de presión para todo ser humano que nació con senos y vagina. Sus calles arenosas son viejos resentidos y amargados, llenos de paradigmas innatos.

Anese, trabaja desde hace un año en Tolo, la cadena más popular del país. Allí son cinco las mujeres en un mundo de hombres. Tres presentan noticias y dos son reporteras. Anese pisa la calle cada día acompañada de un camarógrafo para filmar lo que es noticia. "Sólo me muevo por Kabul porque en las provincias es imposible. No podría salir con el micrófono. Nunca aparezco en la pantalla. Sólo pongo mi voz. A mi familia no le gusta que sea periodista. Mi padre es muy estricto y me prohibiría trabajar. Sentiría una gran vergüenza si todos me pudieran ver".

Viste un chador negro y se cubre parte del cabello con un pañuelo verde. Tiene unas manos grandes que no se corresponden a la dulzura de sus facciones. Mientras responde a las preguntas juguetea con un bolígrafo y garabatea en una libreta de notas. Parecen su burladero. La entrevista se realiza casi en la clandestinidad, en los jardines de un hostal, lejos de las miradas curiosas, cómo debe de ser.

Empieza de Zero

Luego de la estrepitosa y lujuriosa fiesta de la noche anterior, Jorge Pimentel se levantó con una sensación de satisfacción por romper, una vez más, la normalidad de su Lima monótona. Se había acostado con 7 mujeres y creado 4 poemas brillantes mientras cogía. Era 1970 y Hora Cero, tal vez su logro más importante, por fin tenía suficientes seguidores en todo el Perú
¡Quién lo diría Jorge!, nunca imaginaste siquiera que llegarías a tal nivel de escritura. Recordabas aquellas caminatas por la Villarreal, soñando con el movimiento infrarrealista y a la vez lamentándote de que nadie entendiera tus pensamientos contra lo establecido. Que equivocado y soberbio estabas Jorge, si había alguien, se llamaba Juan Ramirez Ruiz y era un calco de todo lo que pensabas.

Así nació Hora Zero, el movimiento que se oponía a los poderes dominantes de la poesía peruana, y cuestionaba al canon poético nacional, con la excepción de César Vallejo, claro esta, para propugnar una nueva poesía, una más cercana a la vida diaria, a las clases marginadas, y a la realidad del Perú.

Aún así tuviste que viajar a España para alimentarte de pensamientos nuevos, y para cuando regresaste en 1974, el movimiento se había debilitado. Eran esos apristas sin cerebro que todo lo veían política, incluso la poesía. La verdad era que tenían de lo todo lo que habían logrado los muchachos y tu.

En fin Jorge, después de todo tu sabías que no podías cambiarlo todo, tampoco se trataba de eso. Sino de la satisfacción de congregar personas, para que piensen, para que estremezcan sus mundos. Hoy publican todo ese trabajo, hoy tu y los muchachos volverán a romper el mundo de nuevo.

El desbalance del Coronel.

Todas las mañanas, el coronel Nicolás Márquez Mejía lustraba sus puntiagudos zapatos negros, mientras el aroma de la mañana lo terminaba envolviendo en la calidez de Aracataca, un pequeño pueblo Colombiano. Su esposa, Tranquilina, ya se encontraba preparando el desayuno y el coronel empezaba a caminar por los largos trechos de la hacienda. Contaba sus pasos porque sabía que al joven nieto, Gabito, no se lo podía despertar antes de las de las 7.

- Levántate hijito, que conservadores no somos- le dijo el coronel al oído- levántate hijito que el reloj nos persigue.

La mañana ya era calurosa e imparable, toda la naturaleza empezaba ha moverse y ha organizarse. El coronel amaba esa sensación de serenidad y simpleza. Ese gusto por la sabiduría de la rutina. Ese gustos por lo progresión de lo imperturbable.

Una vez despierto el nieto, ambos se sentaron a la mesita de madera ubicada en el centro de la cocina, sólo comían ahí en los desayunos, Doña Tranquilina, prefería la luminosa calidez del lugar y sobretodo los interminables olores que rodeaban al cuartillo. Gabito, aún niño, no se daba cuenta de la escena de fotografía y prefería tocar la mesita de madera. Le encantaba su textura, su relieve, ese reboteo de sus dedos al pasar la mano por las verticales líneas de caoba.

Terminado el desayuno, el coronel, cuál reloj, se levantaba y dejaba a Gabito ayudando a su abuela lavando los platos, pero esta vez el abuelo pidió al joven que vaya a jugar al jardín. La madre de Gabito, Luisa Santiaga Márquez de García, hija del coronel con la doña, regresaba a Aracata después de abandonar a su primer hijo.

Luisa llegó en el tren. Llegó con maletas ligeras y zapatos usados. El coronel aún le guardaba rencor por ese matrimonio apresurado y lejano, se habían ido dejando al niño sin el mínimo recuerdo de familia. Tantas cosas sabía el coronel, pero aquel día, no tenía la menor idea de que decirle a Gabito. Aquel día que empezó con maletas ligeras y Gabito yendó a jugar después del desayuno.